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La Seño Ceci

De afueritas de Chalate

A mí me gustaba ir al río los sábados. Me tocaba trabajar bien pijiado en la semana en otro pueblo y era mi único día libre. Llevaba a mis dos cipotes porque era cuando podíamos estar juntos pues. Y nos dábamos unos buenos chapuzones y también para que aprendieran a nadar. Uno nunca sabía cuando a uno le iba a tocar una de esas emergencias y mi papá me decía que era algo bueno que supieran. Camino al río pasábamos donde una señora que me daba fiado y les compraba montón de galguras. Bien chivo era. En esa época el río era chulo y limpito. Ahora no hay ni señas de eso. Apenas un charquito pasa y da tristeza verlo todo seco. Ahora ni el fundillo se moja uno contimás lavar ropa, jajaja.

De vez en cuando nos llevábamos a una vecinita y fíjese que una vez casi se me ahoga. Ay, no, menos mal que Dios nunca quiso que eso pasara porque Dios guarde. Los hijos ajenos se cuidan, usted. Ya cuando iba cayendo lo oscurito, agarrábamos camino y a veces pasábamos por el cementerio a visitar a los muertitos. Bien bonito era irse a pie por esos andenes. Ya ahora ni por cerca aquello con la situación de hoy.