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Relajo

Relajo

Doña Paquita

Cuando hablo de relajo no me refiero al deschongue, al desmadre, al despelote, al despije, al desorden o al desvergue. 

Cuando hablo de relajo me refiero a la mágica fórmula que con sus olores y sabores hacen que El Salvador se revuelque de tanta sabrosura con sus comidas. 

Cuando pienso en el relajo a guevo me remonto a la cocina de mi abuela durante las fiestas navideñas.

Cuando compro el relajo expreso un entusiasmo que acaba en una conversación tipo largometraje con la señora que cobra confesándole que voy a hacer tamales de gallina.

Cuando sueño con el relajo amanezco con ganas de escuchar al Primo Chomo, como lo hacía con mi papá, que en su gloria lo tenga Dios.

Cuando traigo bolsitas de relajo de la tiendona en la maleta, siento que los panes con pavo que haré aquí en el norte sabrán como deben ser, puro sabor.

Cuando imagino lo que haré con el relajo, las tripas chillan y las babosas me suplican por manteca de tunco.

Y si usted no sabe lo que es el relajo, déjeme contarle que entonces no está en nada porque el amor que se tienen el chile guaque con el ciruela al sonseirle al ajonjolí para conquistar el tufito del ajo con el que se deleita el achiote para darle chile a la pepitoria con el puñito de orégano, el ramito de tomillo seco y las hojitas de laurel, es el que hace que mucha gente del pulgarcito sea lo primero que busque cuando va de shopping. Y cuidadito si se le olvida la pizca de pimienta porque el estornudo que toda esta vibra le sacará de los pulmones, espanta cualquier  espíritu que se le quiera meter a la casa.