Enseñanza intergeneracional digital de historias

 

Mi abuelito contaba pasadas para protegernos del miedo. Sus historias alumbraban hasta las noches más oscuras que azotaban el pueblo durante la época de la guerra. Pasadas las 7 de la noche, conectaba a los que habían venido antes de él con nuestro presente. Por él aprendí otras formas de relacionarme con la naturaleza apreciando la sensación de estar siendo acompañada por seres casi-míticos. La sabiduría en sus relatos, más allá de la educación formal, es lo que me mantiene en pie.

Para que nuestra futura generación sobreviva tenemos que contar nuestras propias historias.

Para que todo el conocimiento de nuestros viejitos siga vivo tenemos que abrir círculos de conversación donde contar pasadas sea la actividad principal.

El pueblo salvadoreño tiene mucho que contarle a la infancia y adolescencia salvadoreña. En estos relatos conviven la alegría, la esperanza, la resistencia, el dolor, la risa, el llanto, el anhelo de sobrevivir, y la inmensa capacidad de vencer obstáculos.

Seamos protagonistas de nuestras propias historias en vez de que sean extraídas por extranjeros. Protejamos la herencia oral narrando el amor por los manguitos verdes hasta las revolcadas que nos da el Pacífico.

Clelia O. Rodríguez, Educadora

Nueva Concepción, Chalatenango