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Sabrosuras del pueblo

Los papaturros me atolodran con su inigualable textura.

La quesadilla de yuca hace que mis huesitos vuelen.

Los tamales de gallina cosquillean mi alma.

La yuca sancochada cuando mira los chicharrones me silban la alegría.

El salpicón me adormece con la milagrosa hierba buena.

El atol de elote hace que mi corazón haga un pun-pun bien nice.

Los dulces de tamarindo me llevan hasta la cumbre del farolito del Pacífico.

Los pasteles fritos susurran que las tardes perfectas existen.

Las empanadas de plátano con manjar blanco son la bandera que adorna mi hogar.

Los nuégados encierran una fórmula de sobrevivencia que me llevo a la tumba.

El pescado frito de la Bahía de Jiquilisco me deja queriendo ser un chimbolo

El café de olla decora con su sabor a tierra volcánica el aire que respiro.

Y púchica, las pupusas hechas por mi madrecita… ni cómo describirlas.