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MARÍA TERESA RIVERA

San Juan de Opico, La Libertad

Me llamo María Teresa. Fui soñadora desde muy pequeña y siempre quise ser diferente a todas las mujeres de mi familia: no sumisa, no callada y mucho menos ser un objeto o esclava de nadie siempre. Sin embargo me encontré con muchos obstáculos en la vida, pero estos obstáculos me hicieron más fuerte. Sé que las mujeres no somos por las cosas que pasan en la vida si no que ya nacimos fuertes.

Una madrugada en 1987 desperté queriendo mi biberón. Era una niña de 5 años, inocente de toda esa guerra que había en El Salvador. Mi mamá ya no estaba conmigo. “Mamá! Mamá!,” gritaba sin ningún consuelo y sin saber que desde ese momento empezaría mi calvario.

Comencé a tener responsabilidades de adultos con sólo 5 años de edad y me tocaba cuidar a un niño de apenas un año y medio, mi hermano. Fui constantemente humillada por no tener una madre y un padre. Esto me hizo entender que yo tenía que ser diferente a las otras mujeres de mi familia, que debía salir adelante pese a los obstáculos que en la vida iba a tener que enfrentarme.

Una noche de 1990, cuando tenía 8 años y trataba de salir adelante, me encontré con uno de los peores momentos de mi vida. En ese entonces estudiaba en la escuela nocturna porque no me permitían estudiar de día porque me tocaba trabajar. Salí de la casa como cualquier otra noche sin saber que mi vida sería marcada. Fui violada. Mi familia me echó la culpa.

Jamás dejé de soñar y pensar en todos esos malos recuerdos. Creo que siempre hay una razón para salir adelante: los hijos, aquellas personas que conocés en tu camino, la sed por la justicia, cuando hay deseo para que las cosas cambien y saber que lo que a vos te tocó vivir nadie más lo pase. Todas estas son las razones por las cuales no podés quedarte callada. Así te convertís en soñadora de la justicia.

De la misma manera en que algún día me sentí vencida y sin fuerzas, también otro día decidí levantarme y seguir luchando. Nunca voy a ser lo que otros quieren que sea. Sólo soy lo que la vida me ha enseñado a ser: fuerte y valiosa. Muchos me van a odiar sin razones, me van a criticar pero eso jamás me detendrá para defender lo que nos corresponde.