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mamá anónima

Yo no sé cuál es la gana de querer saberlo todo. Mi hija ya aburre preguntándome lo mismo: “Mom, why are you so afraid when people say la migra?” Púchica, ya le dije mil veces que hay cosas que una tiene que llevarse a la tumba pero no entiende.

Yo creo que le agarró la curiosidad una vez que andábamos allá por el parque MacArthur y yo estaba tratando de conseguir una chueca. Como no tenía con quién dejar a la cipota me la tuve que llevar. Justo ese día andaban haciendo redadas y yo la tuve que agarrar bien fuerte para empujarla debajo de una mesa. Lo único que le dije fue que se callara el pico con una voz de autoridad que no le dio ni para preguntar por qué. 

Al rato vino una señora de Guate a avisarnos que ya había pasado el susto.

Mi hija no sabe que le debemos nuestras vidas al niño de Atocha, a la Virgen del Socorro y al señor de Esquipulas. Desde que llegamos a los Estados era una lucha para llevarla a la iglesia porque le tocaba irse a hablar de la biblia con otros cipotes y como ella era inquieta siempre me la regañaban. Y ya le dije que deje de hacerme chiste porque siempre que vienen sus amigas se ponen a preguntarme que por qué tengo tantos santos por todos lados. La verdad que como hablan inglés ni les sigo la corriente.

El año pasado trajo un su bicho a la casa y entre broma y broma me preguntaron que por qué nunca me había casado de nuevo. Desde que salí de El Salvador mi hija se convirtió en todo para mí. Nunca me fije en hombres con ese anhelo que tienen otras mujeres. Nunca me hizo falta para decir verdad. Y eso no lo veo malo. A veces me pongo a pensar que hubiera tenido la oportunidad de estudiar, lo hubiera hecho en una escuelita donde trabajaban las monjas. Me gustaba mucho todo lo que hacían y encontraba divertido eso de andar de ciudad en ciudad hablando con la gente. 

Mi mamá desde bien chiquita me decía que a los hombres no había que confiarles ni las gallinas. Y uno qué iba a preguntar por qué. A veces me mandaban a dejarle el almuerzo a mis tíos que trabajaban en la milpa de un señor que les daba trabajo y ella me decía que en cuanto se los dejara que saliera en guinda de regreso. Nunca tuve amigos varones en realidad hasta que me topé con el papá de esta cipota. Todo lo que me dijo mi mamá resultó cierto: que me iba nada más a embarazar y se iba a ir. Dicho y hecho. Pero cuando nació esta muchachita me enamoré de ella y pensé que por algo había pasado eso. 

Después que se murió mi mamá me quedé con un gran vacío. Como no tengo papeles en regla para ir pues no pude enterrarla. Mi hija piensa que las cosas son fáciles. Sigo esperando que me llegue la residencia para poder regresar y por lo menos llevarle unas flores a mi mamá que descansa en el cementerio del pueblo.