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La siguanaba agarra camino

Clelia O. Rodríguez, Nueva Concepción, Chalatenango

Dicen que la Siguanaba viene rumbo hacia los Estados Unidos para buscar asilo. Al parecer una de sus comadres del club de las brujas de Occidente vio en su bolita de cristal que estaba en todo su derecho de hacerlo. Entonces la Siguanaba comenzó a dar gritos de despedida para que no se olviden de ella.

Anduvo de barrio en barrio, de cantón en cantón, de colonia en colonia, y hasta se fue a andar en todos los panteones para despedirse. “Ayyyyyy mis hijos, me voy para la USA,” lloraba. “Ayyyyyyy mis hijos, ya no aguanto el miedo de los vivos,” gritaba.

Dicen que la vieron agarrar camino trepada en la carreta chillona y el que la iba arreando era el cadejo. Supuestamente el trato que hicieron era que el cipitillo los iba a estar esperando en una quebrada allá por los Ausoles para que con la humazón nadie los fuera a cachar. Y es que a la Siguanaba no hay quién la pare. Ya lleva las uñas bien afiladas para ponerse al brinco a cualquier idiota que le salga con algún cuento que necesita documentación. En la chula lleva listo un look para poner quieto a cualquier atrevido que se le ocurra pasarse de listo.

El cipitillo se mandó hasta hacer un pedicure para que la cal quedé bien marcada en el camino que va trazando. Para él es importante dejar sus huellas y que sepan de donde viene y para donde va como para que todo mundo sepa su ruta.

El cadejo les va haciendo porras porque en estos chunches como compinches se están entre las malas y las buenas. Al prójimo le toca ir echándole bocado con guishte a la mafia armada, que con sus babosadas metálicas intentan amenazar a la gente que quiere salir adelante.