34091278_1829320847088101_1924138094408237056_n.jpg

El cuervo y el ombligo

Jaime Guzmán, Santa Tecla, La Libertad

Porque allá lejos quedó enterrado,

a la sombra de un árbol de guayabas blancas,

en la misma fértil y negra tierra,

que me alimentaba la infancia.


Me contaron que llegó un cuervo de alas negras,

lo desenterró, hambriento y se fue volando,

y nadie supo qué diablos pasó con mi ombligo.

Y así se rompió el balance de la ley de mis Abuelos,

que son las leyes de esta vida,

que hay algo que me detiene,

que por eso nunca regreso,

por eso no he podido volver,

que hay algo que hace que mis pies

siempre se encaminen hacia cualquier lado,

menos a casa.

Porque ganas de volver no me faltan,

he luchado con estas encarnadas ganas,

desde el día que me eché al camino.

Y ya llevo mas de treinta años de andar recorriendo

estos viejos y polvorientos caminos ajenos,

si les contara de los pares de zapatos

que me acabe en la ruta,

de los vinos prestados que bebí,

de las buenas gentes con quienes partimos el pan,

de las canciones fiadas,

de los amores abonados a la orilla de la vereda,

de los corazones rotos,

de los paisajes que fotografiaron mis ojos.

Y es que la alegría de haber nacido en mi terruño

es como nacer con una enfermedad incurable,

es algo que no se te quita hasta que te mueres.

Se me hace imposible pasarme este trago amargo,

de no volver a cobijarme,

con la sábana de estrellas,

de tu cielo en la noche,

de no volver a pisar tus calles empedradas,

ni la arena negra de mi playa querida;

No me resigno aún.

Y hoy cada vez que veo un cuervo volar,

me detengo a esperar con ansias,

para ver si algo se le cae,

para ver si la providencia me hace la bondad

de que este sombrío y opaco pájaro burlón

se canse de la broma,

y me regrese mi ombligo de una vez por todas.

No importa si esta tarde estoy a miles de kilómetros

de aquel guayabo de mi infancia,

para volverlo a enterrar

aquí donde me trajo la vida,

aunque sea en las arenas de este desierto

donde hoy, vi al Sol esconder al día,

que prefiero morir en estas tierras lejanas;

A seguir caminando con el corazón ya muerto.

Cuzuman.