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Carlos Felipe Osegueda Osegueda

San Salvador, La Libertad

Vienen a mí los recuerdos, allá por el Barrio Santa Anita, en San Salvador: Un cipote muy juguetón en los años 70s, en la carreta de madera con rodos, haciendo las carreras con los amigos, en la pendiente de la colonia, la misma que corríamos en la bicicleta sin frenos y parábamos en la esquina de la cuadra con grandes bistek y moretones.

Eran días del juego del ladrón librado donde Chepe lora por correr al poste donde tocaban al libre de los que estaban en la cárcel, no se fijó que el cable tensor del poste se interpuso entre él y el libre, y pegó un pijazo que lo hizo revirado al suelo que hasta rebotó. Además jugábamos escondelero, conque más noche mejor, siempre era muy importante buscar el lugar más apropiado, alguien contaba desde el 1 al 20, embrocado y tapándose los ojos, ahí todos aprovechábamos para salir corriendo y yo me rebuscaba para irme con la bicha más linda de la vecindad porque aquello de los besitos era importante pues. Siempre nos rebuscábamos para divertirnos.

La colonia colindaba con una finca de frutales como el plátano, el guineo, la naranja, entre otras. Pues un día fui con un motón de amigos a cortar fruta, muy a pesar de que ya sabíamos que el finquero que era bien emputado. Todos nos dimos a la tarea de arrancar fruta parecíamos chapulines. De repente apareció el finquero con los perros detrás de nosotros y salimos en guinda pendiente abajo. Nos pasamos la cerca de alambre de púas y eran carcajadas porque a varios de nosotros no solo se nos rompieron los pantalones de la chollada y las púas si no que enseñábamos todas las nalgas. Pero a pesar de eso no dejamos ir ninguna fruta.