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Ana María

COATEPEQUE, SANTA ANA

Cuando era chiquita, vivíamos en Coatepeque, Departamento de Santa Ana. Era un pueblo pequeño donde todos nos conocíamos, sólo había una escuela para niñas llamada Capitán General Gerardo Barrios.

En esa escuela estudiábamos los Martínez, los Menéndez, los Regalado Dueñas, los Jaco y los Pérez. Como era una bichita no veía diferencias sociales, igual jugabas, nadabas, peleabas y te pegaban piojos, sin distinción.

De allí que mi mamá, cada tarde, escuchaba radionovelas, mientras nos jaloniaba el pelo buscando y hurgando a ver si habíamos traído algún piojo de la escuela… Y pobrecita de vos si te los encontraban… Allí mismo iniciaba el tratamiento completo de manteca de tunco con azufre, que después de media hora te enjuagaban para seguir el martirio de lavado con jabón de cuche…Sólo hasta entonces te dejaban salir a jugar. Yo creo que desde entonces mi gusto por el radio drama…

Pero era bonito, tu límite de patio era el pueblo. Así que nosotras jugábamos en la cancha, en el Cerrito, en el cementerio sin temor. Y de ganancia comíamos frutas de donde fueran. Los jocotes más ricos eran los del cementerio… todo era inocencia…

Y de repente, un día, mi madre decidió separarse de mi padre. Esa noche en un camión pusieron lo que cabía y nos fuimos para Armenia donde estaban ya establecidos mis tíos y tías. Y así, sin previo anuncio, mi inocencia preciosa fue cortada de tajo.